lunes, 22 de diciembre de 2025

TREKKING EN EL VALLE DE BARTANG. Un viaje al corazón del Pamir.

Viajar no siempre significa poner kilómetros con la cotidianidad; a veces el camino nos aleja de nuestro presente mucho más que de nuestro hogar. 



Si hubiera que condensar este trekking en una sola palabra, sería ‘remoto’; quizá incluso ‘aislado’. En un mundo ultraconectado, donde la inmediatez marca el ritmo de casi todo, experimentar la desconexión total se ha convertido en un lujo cada vez más difícil de alcanzar.

El valle de Bartang se extiende al sur de Tayikistán, en plena cordillera del Pamir. Volver a estas montañas dieciséis años después ha sido, de algún modo, una forma de reconciliarnos con aquella durísima experiencia del intento al Lenin en 2009. En esta ocasión, las áridas y abruptas montañas pamiris nos han ofrecido su vertiente más amable: lagos de altura, cumbres nevadas, valles inmensos y,también, la hospitalidad de su gente.


El inicio del recorrido es el acogedor pueblo de Bardara, de donde es originiario Mamadbek, nuestro guía y amigo, así como el resto del equipo formado por 3 arrieros y unos 4 burros.


DIA 1: BARDARA - GERJAST

Comenzamos el trekking. Dejamos en Bardara el equipaje que no vamos a utilizar y quedamos con el conductor que nos recogerá en Yashilkul siete días después.

Los primeros kilómetros avanzan por un buen camino junto al furioso río Bartang, siempre por su margen izquierda. Impresiona escuchar el golpe seco de los bloques de piedra que arrastra en su cauce. Nos cruzamos con varios locales que transportan fardos de paja procedentes de pequeños asentamientos por los que, poco después, también pasaremos.




Descansamos en una minicentral hidroeléctrica, financiada por el líder de los chiitas, responsable de haber costeado una infraestructura tan útil. Cuesta imaginarse al papa de Roma haciendo algo similar.


Tras atravesar un par de pueblillos, seguimos remontando el valle por zonas algo estrechas. Hacemos una pausa bajo unas sabinas en un sector mucho más abierto.  Algo más arriba encontramos restos de antiguos asentamientos, de los que sólo quedan visibles algunas ruinas y campos roturados.

Un poco más adelante, el camino cruza el río por un puente moderno, cortesía de la ya extinta USAID. Más arriba nos topamos con un rebaño de yaks, el primero que vemos en este viaje.


Después volvemos a cruzar el río. Paramos a comer en una zona tranquila, cerca de los yaks.


Aunque no estaba previsto, hoy toca también un cruce de río. Se trata de un torrente que, pese a su escaso caudal, baja con una corriente rápida. Tras varios intentos, decidimos acondicionar el paso colocando piedras grandes a ambos lados de un estrechamiento, aunque el agua se las llevaba con facilidad. Pasamos todos más o menos secos a la otra orilla, utilizando técnicas diversas.


Un poco más arriba llegamos al lugar del campamento. Es una zona de pasto, bastante polvorienta y algo desagradable, aunque con vistas magníficas. Allí encontramos una tienda con dos personas que realizan el trekking en sentido inverso al nuestro. Al montar las tiendas, nos llevamos una sorpresa poco agradable: una de las tiendas de dos plazas es moderna y está en buen estado; otra, de tres plazas, es vieja pero funcional. La nuestra, en cambio, es antigua y presenta una raja de unos 40 centímetros, además de varios rotos en el techo.


La reparamos como podemos con cinta americana. Peor suerte corre la tienda comedor, con dos palos rotos que la hacen inservible. Todo indica que nadie revisó el material antes de iniciar el trekking.

DIA 2: GERJAST - GULZOR

Pese a la altura, por la noche ha hecho algo de calor. La jornada de hoy promete ser intensa, e incluye el cruce de un torrente, atravesar el glaciar y unos 1.200 metros de desnivel.

A poca distancia del campamento debemos cruzar el Bartang para internarnos en otro cauce perpendicular, el Mana. Aprovechamos un tramo en el que el río se divide en numerosos brazos, lo que facilita el paso. Nos calzamos las sandalias y vamos atravesando varios cauces, ninguno de ellos demasiado profundo —en ningún caso superan mucho las rodillas— y con una corriente aceptable. Lo único verdaderamente inaceptable es la temperatura del agua. Llegamos a la otra orilla, por decirlo de alguna manera, completamente vigorizados.



Remontamos con ánimo el torrente subsidiario por la margen derecha, superando ya los 4.000 metros de altitud. Hacemos una parada para comer en un lugar espectacular, aunque el tiempo comienza a empeorar con rapidez. Desde primera hora de la mañana se acumulaban bastantes nubes y, a lo largo del día, no han hecho más que aumentar. Mamadbek propone pasar la noche en un camp site situado bajo el paso… Veremos cómo evolucionan las cosas.


Tras dejar atrás el torrente continuamos por una zona de morrenas, un paisaje completamente mineral. Cuando alcanzamos el camp site está medio nevando. La decisión es evidente, no podemos continuar con estas condiciones.



Frente a nosotros se alzan montañas de 5.380 metros, y cada pocos minutos descargan una andanada de piedras con un estrépito estremecedor.

Nos metemos en las tiendas para refugiarnos del viento y de la nieve, que cae ya de forma copiosa. Cenamos dentro, porque fuera es prácticamente imposible permanecer.


No tenemos ninguna duda de que la decisión ha sido la correcta: internarnos en el glaciar con este tiempo, después de la paliza que llevamos encima, habría sido una temeridad peligrosa de verdad.

DÍA 3 GULZOR - KULEN (Bastij Elga)

Durante la noche ha soplado el viento con fuerza y ha nevado en algunos momentos, aunque en general hemos podido descansar. Incluso la montaña ha dejado de escupir piedras durante la noche, todo un detalle.


Amanece un día soleado y en calma: todo aparece cubierto por una fina capa de nieve de entre 5 y 10 centímetros. Tras el desayuno comenzamos el ascenso hacia el paso, avanzando por un terreno de morrenas, muy mineral, en el que debemos superar también una pala de nieve.

Por fin alcanzamos el Bardara Pass, a 4.796 m. Tras las fotos de rigor, continuamos hacia el glaciar, que arranca pocos metros después del paso. Se trata del Glaciar del Mana, un pico de 4.900 m. 


No tiene demasiada pendiente, pero a estas alturas de verano es puro hielo. Sobre él han caído unos 10 cm de nieve, algo que facilita caminar sin crampones, aunque también los vuelve casi inutilizables en caso de usarse por los zuecos que se formarían.


El tramo glaciar tiene unos 2 km y un desnivel negativo de unos 100 m. Aunque es bastante plano, en algunas zonas la pendiente lateral es mayor y la nieve menos abundante. A esto se suma que una caída podría terminar en una gran rotura del glaciar… nada recomendable. Logramos pasar sin mayores apuros, aunque no logramos imaginar cómo sería esta travesía sin crampones y con hielo vivo.


Al llegar por fin a “roca firme”, nos adelantan los burros, auténticos aspirantes al Piolet de Oro. El descenso por la vertiente Este transcurre por terreno inestable, donde los animales provocan constantes desprendimientos de piedras.

Ya en terreno más cómodo hacemos un desvío para visitar el “Kuli Gukharez” o “Lago Gukharez”. En el camino vemos a un extranjero que viaja solo y que, según sabríamos después, era español. Este pequeño "detour" promete ofrecer una de las vistas más espectaculares del trekking. 

Pasamos por un primer lago anónimo, de un turquesa precioso pero sin grandes vistas. Tras bordearlo por un terreno muy rocoso, alcanzamos el Lago Gukharez, mucho más impresionante. Al azul intenso se suman las vistas de la montaña Сафедоб (Safedob), de 5.681 m, conformando una postal perfecta.


Comemos junto al lago y regresamos siguiendo la misma ruta. 

El retorno hasta el camino principal se hace algo duro por las piedras, pero posteriormente, la bajada por el valle se vuelve mucho más agradable. Pasamos por tres lagos más, cada uno más bonito que el anterior. Al final del último de ellos, a cierta distancia, se encuentra el campamento, esta vez sobre hierba, en un lugar muy acogedor.



DÍA 4: KULEN (Bastij Elga) – FUROHKSANGOV

Desayunamos a las 7:30 y, con fresco, retomamos la marcha. Descendemos por buen camino hasta el Valle de Langar, que conduce al famoso Lago Sarez. Recorremos unos cientos de metros por la margen derecha hasta un asentamiento estacional de pastores, Vükhinj, donde una familia de Bardara —concretamente, un primo de Mamadbek, su mujer y su hijo de 5 años— pasa el verano junto con sus rebaños. 


Llegan en julio, cruzando el glaciar con sus cabras y vacas, y regresan por el mismo camino en septiembre. Según nos dijeron, cruzar el glaciar a principios de verano resulta complicado por la cantidad de nieve acumulada y que dificulta enormemente el paso de los animales. Sin embargo, al regresar a Bardara den septiembre, el problema es que el glaciar es una peligrosa pista de patinaje donde bestias y humanos se exponen a resbalones de desenlace incierto.


La vida aquí es durísima: no hay leña en kilómetros, así que toda la energía para cocinar y calentarse proviene de las boñigas secas del ganado. Elaboran su propio yogur y mantequilla, que nos ofrecen y aceptamos con gusto. Ante ello, uno no puede evitar reflexionar sobre nuestras quejas y la poca importancia real de nuestros inconvenientes cotidianos.


Dejamos el valle del Langar y remontamos un valle subsidiario de éste engalonado con bellos meandros. Arriba alcanzamos el primero de los lagos del día: el Uchkul, de color turquesa y con unas inesperadas gaviotas como protagonistas.


El segundo lago es similar y lo cruzamos a más altura, lo que ofrece una perspectiva distinta.


El tercero recuerda a los anteriores, pero destaca por tener un asentamiento de pastores: en el viven los padres de uno de nuestros tres muleros. Las condiciones de vida son similares a las del asentamiento anterior. Nos ofrecen té y pan con mantequilla, mientras Mamadbek se toma un tsampa, que es en el Himalaya como el porridge en las islas británicas..


El lugar de acampada es muy agradable. La noche, en cambio, bastante fría.

DÍA 5: FUROHKSANGOV – KIRGIZSHABAR

Hasta que el sol nos alcanza, hace un frío intenso. Sin embargo, pese a estar junto a lagos y ríos, la atmósfera es sorprendentemente seca y no se forma escarcha.

Remontamos un valle muy amplio y abierto. Unos kilómetros más arriba la ruta se divide dos caminos: uno asciende a un paso y el otro bordea el Lago Chapdarkul. Ambos confluyen más adelante. Elegimos la segunda opción, que también incluye un paso de 4.500 m. Al fondo destaca un gran pico cubierto por una enorme masa glacial.


Llegamos al lago, uno de los lugares más bellos en los que hemos estado: un enorme pico anónimo de 5.520 m vierte sus glaciares directamente hacia las aguas turquesas del Chapdarkul.


Mientras lo contemplamos, un rebaño de yaks baja a beber justo cuando pasamos. Las enormes bestias imponen y disfrutamos viendo cómo alguna incluso se da un chapuzón.


Tras el lago superamos varias morenas incómodas, pero pronto retomamos un descenso suave por un valle ancho. La bajada por la margen izquierda del Malaya Chapdara se hace algo pesada; las montañas del fondo, aunque glaciares, no resultan tan espectaculares como las de antes.

Llegamos al camp site tras un sencillo y refrescante cruce de río. Aquí convergen los dos caminos, el del paso y el del lago. Hoy tenemos compañía: un grupo de seis italianos que hacen el trekking en sentido inverso, ya que no pueden visitar el Lago Sarez por la avería de uno de los barcos. Después de tanta soledad, sorprende encontrarse con más extranjeros.



DÍA 6: KIRGIZSHABAR – LANGAR

Amanece un día perfecto. Lo que parecía una jornada sin grandes vistas cambia completamente cuando aparecen, al oeste, unos picos afilados de más de 5.400 m —no hemos encontrado su nombre en los mapas— que conforman un circo espectacular con una importante masa glaciar. Son montañas afiladas, casi patagónicas.



El descenso por la margen izquierda discurre por buen camino. El valle se abre mucho, un claro ejemplo de erosión glaciar. En la orilla opuesta vemos un gran rebaño de yaks; una cría ha quedado en nuestra margen y no se atreve a cruzar. Le animamos lanzando algunas piedras al agua.


Tras bajar una morrena algo descompuesta alcanzamos el camp site. Una pareja de eslovenos nos adelanta con sus mochilas enormes y rechaza nuestro té; no acamparán aquí.

El campamento es similar a los anteriores: una caseta de piedra, una letrina deplorable y una zona herbosa junto al río.


Por la tarde se levanta un viento molesto que levanta mucho polvo. Para cenar, tenemos sorpresa: compraron una pierna de cordero en el campamento anterior y hoy preparan una especie de caldereta. Se agradece enormemente el cambio gastronómico.

DÍA 7: LANGAR – YASHILKUL

La noche ha sido agitada: un lobo solitario ha rondado el campamento intentando atacar a algún burro. Los arrieros lo han detectado a tiempo y lo han ahuyentado.


Poco después de salir del campamento toca ascender por una zona de morrenas. Tras unos 5,5 km alcanzamos un paso de 3.910 m (Burgomal, según los mapas). Desde allí se abre ante nosotros la impresionante vista del enorme Lago Yashilkul. También vemos el tramo que nos queda por recorrer, apenas unos metros de desnivel. Allí abajo nos espera el Toyota.


Inicialmente pensábamos rodear el lago por la orilla norte, pero no tiene mucho sentido: es simplemente caminar por una pista árida y polvorienta. Esta opción es útil sólo si se hace el trekking en sentido inverso, ya que ayuda a aclimatar sin que haya que superar grandes desniveles.


Llegamos a la orilla del Yashilkul llenos de polvo, con los labios cortados y con ganas de reencontrarnos con las pequeñas “comodidades” de la vida civilizada.


En el coche recorremos la orilla sur —nos cruzamos con los eslovenos en una curva— hasta Bulunkul, un pueblo junto al lago del mismo nombre. Este enclave es célebre por ser uno de los lugares habitados más fríos de la antigua URSS, con un récord de –63 °C. Incluso en verano conviene abrigarse al ponerse el sol.




El pueblo es pequeño, sin asfaltar, con unas pocas casas dispersas, una tienda básica, una estación meteorológica y bastante chatarra roñosa abandonada por todas partes. Nos alojamos en un Home Stay junto a una yurta. Vimos bastantes de ellas en las zonas cercanas al pueblo, que según nos explicaron pertenecen a pastores nómadas kirguises. Comemos huevos fritos con jamón serrano que nos saben a gloria.




RESUMEN Y LOGISTICA

El trekking ha resultado apasionante, sobre todo por el aislamiento que experimentamosy que cada vez es más difícil encontrar. Sin cobertura móvil ni teléfono satelital, una vez salimos de Bardara estuvimos totalmente aislados. Sólo coincidimos con otros extranjeros en el primer campamento (no llegamos a hablar con ellos, estaban acampados lejos de nosotros), en el día 3 del trekking donde vimos de lejos a un extranjero que iba solo, y el quinto día en el que coincidimos con un grupo de italianos que estaban realizando este trekking accidentalmente. Ha sido como volver a los 90. 


El paso del glaciar y los “river crossing” aportaron emoción, sin olvidar el lobo. Los momentos del trekking que más recordaré, más que los paisajes o las aventurillas son los dos asentamientos de pastores que visitamos y que nos hicieron valorar más si cabe la suerte que tenemos.


Habría tenido mucha más lógica realizar el trekking en sentido inverso (comenzando en Yashilkul y finalizando en Bardara) por varios motivos. Desde el punto de vista de la aclimatación, la forma en que lo realizamos conlleva estar a casi 5.000 m en el segundo día. Si bien no es una altura extrema, lo cierto es que los días anteriores de viaje tampoco permitían aclimatar demasiado (estábamos relativamente bajos). Por otra parte, la travesía por el glaciar resulta algo más sencilla de realizarse en sentido ascendente, y en general en caso de realizarse de este a oeste, los desniveles de subida son mucho más suaves.


Nosotros contamos con el apoyo de nuestro guía y amigo Mamadbek, que tiene un buen nivel de inglés y es un gran conocedor del entorno (vive en Bardara donde trabaja como profesor en invierno). Su padre, que también habla algo de inglés, junto con dos locales más se encargan de los burros y dan soporte también al resto de tareas propias del trekking (cocinar etc).  El conjunto del viaje fue diseñado por nosotros, en base a otros recorridos y treks que suelen realizarse. La empresa es Pamir Ecotourism. Aquí dejo los datos:

Nasrullo Alinazarov 
General Director, 
Travel agency "Pamir Eco Tourism"  
291 Lenin Str. 736000, Khorog GBAO, Tajikistan 
Mobile: (+992) 93 600 19 36,  (+992) 900 566 893
E-mail: director@pamirecotourism.com       
Website: www.pamirecotourism.com

martes, 10 de septiembre de 2024

Sur de la Vanoise y Val-Cenis

 Otro verano mas, a los Alpes. En esta ocasión, nos centramos en la zona sur de  La Vanoise y Val-Cenis, una parte de los Alpes a la que no hemos ido demasiado y que queríamos conocer. 



Telegraph Chappe Roche Bleue y Monolito de Sardieres.

En Aussois paramos a comprar pan en una panadería artesanal estupenda. Y también un croissant que devoramos luego junto con un café.

En información, nos indican que el tiempo no será muy bueno hoy. Nuestro plan de subir al Lago Genepi no tiene sentido ya que a esa cota está todo nublado. Cambiamos por otra ruta que discurre a menor altitud.

Aparcamos en Sardieres, un pequeño pueblo a unos kilómetros de Aussois. Hemos elegido una ruta interesante para un teleco, ya diré por qué. Pero el objetivo principal es más bien geológico, ya que se trata de ver el Monolito de Sardieres, una curiosa e impresionante formación rocosa. El sendero transcurre por un típico bosque atlántico con pinos, piceas y otra vegetación alpina. El primer hito es un puesto de Telegraphe Chappe (explicar historia).

El telégrafo Chappe (o telégrafo aéreo ) es un medio francés de comunicación visual mediante una especie de semáforo eficaz a distancias de varios cientos de kilómetros. Fue inventado por el francés Claude Chappe en 1794. Los semáforos generalmente se colocan en torres llamadas torres Chappe .

Hoy en día, sólo quedan en Francia una veintena de ejemplares del telégrafo de Chappe.

Además de esta vertiente tecnológica, los emplazamientos para el telégrafo óptico gozaban de unas vistas muy amplias. En nuestro caso en particular, se confirma esta regla, y las vistas de las montañas circundante y del Valle de L’Arc son impresionantes. Destacan los tres miles que teníamos justo delante, como la Punte du Notaire, o la Aiguille de Scolette

Comemos y descendemos hacia el monolito, que también era visible desde el telégrafo. El camino sigue siendo por bosque, lo que dificulta ver el pedrusco hasta que prácticamente lo tienes delante. Se trata de una aguja de roca caliza de 93 m de altura en su vertiente más escarpada.

Un sendero lo circunda, lo que permite contemplarlo desde todos sus ángulos.

Una cordada está escalándolo. No parece muy complicada (la parte inferior), pero el tercio superior promete emociones fuertes…

Regresamos a Aussois, concretamente al Fuerte de Vittorio Emmanuelle. El edificio pertenece a un grupo de fortificaciones llamado la barrera Esseillon, que consta de cuatro fuertes. Construidos entre 1819 y 1834 fueron diseñados para proteger el Piedmont italiano y prevenir posibles intrusiones francesas. Todos ellos llevan los nombres de los miembros de la familia real de Saboya. La fortaleza Víctor Manuel es el más grande de ellos y podía albergar a 1.500 hombres.

El fuerte puede visitarse libremente. Destacan las pronunciadas rampas interiores, con una especie de escalones que permitían mover las piezas de artillería.

Observamos varias ferrata que salen del mismo fuerte, a través de las troneras. Una de ellas conquista mi corazón: Pasa junto a una enorme cascada, en una encañonada sección del rio. Promete.

Tras ver el fuerte de Vittorio Emmanuelle, subimos al ver otro fuerte, el Fort Marie Christine. Está cerrado y solo podemos asomar nos un poco. 

Subimos a dormir al parking del que parte la excursión de mañana, junto a la presa de Plan d’Amont. No hay demasiada gente y parece un sitio fresco para dormir.

Pointe del Observatoire (3.015 m)

El día amanece muy, pero que muy nublado. Sin embargo, la previsión del tiempo indica que conforme pasen las horas, se irá despejando. Hacemos algo de tiempo, y a las 9.30 comenzamos a caminar. Pasamos por el pie de la presa, para luego bordear el lago por la izquierda. 

Una vez en su cabecera, tomamos el camino que, sin prisas, pero sin pausas va tomando altura. Las vistas del lago, con algunos girones de niebla persistentes son preciosas.

Llegamos a Le Fond Du Aussois, donde el valle se abre y crea una amplia zona de pastos.

En su parte superior se encuentra el refugio del mismo nombre. Preguntamos por el estado de la nieve, y nos dicen que “inexistente”.Tras apurar el café (y el sirope) seguimos hacia nuestro objetivo.

A partir de los 2500 m, el camino se empina bastante.

Pero gracias a los “mantenedores de senderos” con los que coincidimos en el trayecto, las cosas son bastante llevaderas. Eso sí, se nota y mucho el punto al que han llegado, ya que después el camino se vuelve algo más hostil.

La Pointe de l’Echelle (3422 m) tiene desde aquí una imponente forma de Pirámide negra. Es realmente impresionante.

Continuamos subiendo hacia el Collado de Aussois, a 2916 m de altitud. Una cruz de madera marca el camino todo el rato, y solo al llegar a ella puede verse el ya cercano collado, así como lo que nos queda hasta la cima. 

Antes de llegar a la cruz es necesario cruzar un nevero que no reviste problemas.


Desde el collado Continuamos por un caminillo, el cual abandonamos en un momento dado para evitar otro nevero. Para llegar a la cumbre, hubo que hacer algunas trepadas fáciles, evitable si se toma el sendero “de verdad”.

Una vez en la cima, bastante afilada, vemos hacia el oeste varias zonas que conocemos de otras incursiones. El Lac Blanc, junto al Refugio de Peclet Polset, el Petit Mont Blanc y, más al norte, Pralognan La Vanoise.

La vertiente norte del pico es muy escarpada, y tiene forma de montaña de verdad.

Descendemos por el camino correcto, evitando los destrepes y luego también el nevero. Bajamos bastante rápido hasta el refugio, donde para celebrar la Ascensión nos zampamos una rica tarta de chocolate con un sirope. 

Nos encontramos con fuerzas y decidimos dar un pequeño rodeo. A setecientos metros del refugio nos desviamos a la izquierda, y superamos unos doscientos metros por la ladera norte del valle. Vemos en este trayecto muchas marmotas y flores. El ruido de un torrente pone la guinda a la postal.

Una vez superada la ladera, el camino continúa hasta el Refugio de la Dent Parrachee, aparentemente más montañero que el anterior. Continuamos hasta otro refugio, La Fournache.

El último tramo de camino hasta el parking es algo incomodo. Vamos algo cansados y no apetece estar saltando piedras. Si mas, llegamos al parking contentos, cansados y hambrientos.

Coctail de Ferratas.

Hemos decidido que hoy nos dedicaremos a las ferrata. Alquilamos el material (solo tenemos el arnés) en una tienda de deportes, y nos encaminamos al Fuerte de Vittorio Emmanuelle. La primera ferrata se llama Les Diablotins. Empieza de manera curiosa, ya que la salida se realiza a través de una tronera.

Desde allí, se llega al suelo casi de un salto. La ferrata discurre por el farallón rocoso que proporciona al Fuerte su carácter de inexpugnable. Tras un pequeño tramo caminando, comienza la ferrata en sí, con varios puentes de unos 8 m realizados con un tablón de madera.

Ester no lo ve nada claro, y decide regresar por un escape. Hace tiempo que no hace una ferrata y quizás debíamos haber practicado antes en las Baumes Corcades. Yo continuo, y la ferrata cambia bastante a partir del escape. Se vuelve más vertical, con algún destrepe algo enrevesado (aun siendo fácil), y pasando por algunos puentes más. Uno de ellos es de cable y se mueve bastante. Siempre en travesía, la ferrata va ascendiendo por el farallo hasta llegar al mismo parking.

Continuo por el siguiente tramo. En realidad, son dos ferrata, con los ostentosos nombres de “La descente aux enfers” y “La montee au purgatoire”. Para acceder a la primera de ellas, hay que salir por la misma tronera que “Les diablotins” para, una vez en el exterior del fuerte, iniciar un descenso por camino parcialmente equipado. 

Al llegar a la pared que conforma el cañón del rio, comienza la ferrata propiamente dicha. Durante varios cientos de metros, discurre por una faja más o menos estrecha, y que permite en ocasiones caminar. 

En mi cabeza, la imagen que vimos ayer de dos pequeños ferratistas junto al enorme salgo de agua.

Hay algunos destrepes, pero en general es algo "guarrillo", con tierra suelta y cosas por el estilo. No puedo dejar de mirar la cascada que ruge a mis espaldas, y el puente colgante que me llevara al otro lado del cañón.

El puente se mueve bastante, sin llegar a ser difícil de pasar. Son dos cables unidos por unos travesaños de madera. Al llegar al otro lado, la vía toma más carácter, con algunos pasajes extraplomados en travesía.

Pero la parte que destaca - y que hace de esta ferrata una de las más impresionantes que he hecho - es el tramo que discurre frente a la cascada. 

La fuerza del agua es abrumadora, y la altura a la que se está contemplando la también. Pasado un recodo, se comienza a recibir cantidades más o menos copiosas de agua. El último tramo, algo extraplomado, está empapado. Es muy impresionante.

Pasado ese tramo, solo queda subir algunos metros más y continuar (ya por sendero "normal”) hasta otro fuerte, La Redoute Marie Therese. En el exterior del fuerte hay una zona de tirolinas y ferrata montadas en los árboles, para los chavales. Es tal la densidad de cables y hierrajos por todas partes que cuesta encontrar el inicio de la siguiente ferrata “La traversee des Anges”. De nuevo en travesía, presenta un escape al poco de empezar. Hasta este punto es fácil, pero luego la cosa se complica algo con varias travesías extraplomados que requieren algo de fuerza. Es bastante más larga de lo que había calculado. La salida de la ruta es junto al “Pont du Diable”, un bonito puente colgante del S XIX, restaurado hace unas décadas. 

Allí se encuentra el arco de entrada de “La montee au Ciel”. 

La ferrata comienza con unas placas de roca súper pulidas que hay que bajar casi en plan tobogán. Luego, pasa bajo el puente, para transcurrir a partir de ahí en travesía más o menos ascendente.

 


En algún sección hay bastante patio. Especialmente un tramo en el que un pie está en la pared del cañón y el otro en una gran laja de piedra tipo El Puro de Riglos.

Hay varios desplomes, no demasiado exigentes. El último tramo es muy vertical, y nos deposita en otra de las troneras del fuerte.

Descontando la primera ferrata, las cuatro últimas suponen (sin descontar los tramos a pie) casi 3 Km de longitud y 250 m de desnivel.

Paseo en soledad por Lac Blanc

Comemos algo en la furgo y ponemos rumbo a Bellacombe. La carretera es estrecha, y dada la hora del día y teniendo en cuenta que los franceses cenan pronto, es inevitable encontrarse de cara muchos coches. Aparcamos en el Parking del Llac Blanc. En el primer tramo del camino nos encontramos a varios grupos de senderistas, todos de regreso. Para cuando llegamos al Lac Blanc, ya no queda nadie en la montaña. 

El paisaje, la luz, la soledad y la gran cantidad de flores que hay por todas partes dan lugar a uno de esos momentos inolvidables de los viajes.

Aunque inicialmente la idea ara ir al lago y al refugio cercano, decidimos prolongar algo la ruta. En una absoluta soledad, enfilamos hacia el norte, por unos pequeños senderos, que nos brindan unas vistas increíbles de las montañas cercanas. El Dent Parrachee de 3.697 m puede tocarse con la punta de los dedos. 

Otras cimas más al norte lucen sus brillantes glaciares, como el Dome de l’Arpont o, bastante más alejado, la Pointe Matthews, de 3.783 m.

Pasamos por varios lagos, siendo el más popular y de mayor tamaño el Lac de Bellecombe. Resulta difícil imaginar que, posiblemente, dos horas atrás este apacible y solitario lago estaba saturado de visitantes. 

Torcemos a la derecha (E), para llegar al parking de Bellecombe. Nos parece irreal el colorido de algunas zonas, en las que parece que hay más flores que “hierbas verdes”.

Pese a que hay algún “camping car” en el parking decidimos no arriesgarnos y regresar al valle a dormir. Desde este parking hasta el del Lac Blanc tenemos 2,5 Km más.

Bajamos hasta Lanslebourg Mont Cenis. Hay un parking en una terminal del teleférico que es muy tranquilo y agradable para pasar la noche. 

Signal du Petit Sant Cenis (3.163m)

Amanece otro día impecable. Vamos a comprar pan y tomar un café al pueblo, y enseguida nos ponemos en marcha. Vamos al Parking del Refugio del Petit Sant Cenis, y comenzamos a caminar sin pasar por el refugio (lo dejamos para la vuelta). 

Hoy queremos ascender a un tres mil, la Signal du Petit Sant Cenis. La ruta discurre por pastos cuajado de flores, y no nos encontramos con nadie. La primera sección nos lleva al Col de Sollieres (2.640m), lugar donde confluye la arista oeste del monte que queremos subir. 

La mole negra del Petit Sant Cenis está presente permanentemente. Es la arista oeste precisamente por la que circula la vía normal, y desde nuestra posición presenta la duda de si será necesario atravesar dos visibles neveros. Tenemos la esperanza de que, al estar junto a la arista, el viento haya barrido totalmente la nieve en su filo (viento que intuimos por una marcada cornisa que es fuerte y de componente norte).

Nos adelantan unos franceses, pero no van a ascender al pico, visitarán el Fuerte de Mont Froid situado en la cumbre homónima cercana junto al Col de Sallieres.

Llegamos finalmente al collado, y parece claro que los neveros que vimos nos están en la arista y que probablemente no interfieren con la normal. Un cartel indica que el camino al pico que queremos subir es muy peligroso...

Tras descansar unos instantes, comenzamos a ascender por un senderillo que se dirige a la arista. Los primeros cientos de metros son muy "guarretes", con pasos algo resbalosos y también algo comprometidos. Lo cierto es que no se divisa el sendero más allá de donde estamos, e íntuimos que el recorrido será muy “mineral”. Ester no camina tan bien como en días anteriores, y esto, junto con la previsión de que el terreno sea muy malo, le hace desistir. La acompaño unos metros hacia el collado y cuando está en terreno fácil continuo la ascensión solo. 

Pocos metros después de donde se dio la vuelta Ester, el sendero es fácil y bien marcado. Pero luego vuelve a ser algo descompuesto y muy mineral. No obstante, en ningún momento es complicado o peligroso. No entiendo el porqué del aviso en el collado.

En la antecima hay un equipo de radio y un panel solar, y en la cima, una placa que rememora las batallas ocurrida en el pasado en esa zona.



Tras descansar un rato y hacer las fotos de rigor vuelvo sobre mis pasos. El camino de regreso se hace algo largo. 

Ester no está en el collado, lo que, según acordamos, significa que ha tirado hacia Mont Froid. Según me explica después, los franceses que vimos antes le han recomendado subir a esta cima. Subo por tanto hacia el. Me encuentro con ella en la antecima, y yo continuo hasta la cumbre. Hay unos italianos que han subido en bici. O mejor dicho, hay unas bicis que han subido en unos italianos.

Regreso a la antecima y comenzamos el descenso. Comemos en las ruinas del fuerte que se encuentra en las faldas de Mont Froid. Cuesta imaginar las condiciones de vida en ese lugar a finales del siglo XIX.

El regreso lo hacemos por otro itinerario, que pasa por el Col de Bellecombe. No encontramos a nadie, exceptuando a la nutrida población de marmotas.

Durante todo el día, pero especialmente en el descenso, alucinamos con la cantidad y belleza de las flores silvestres que vimos. El pico que he subido nos acompaña durante el regreso.

Llegados al refugio nos tomamos el imprescindible sirope de granadina. La furgo está a unos pocos minutos del refugio.

El Glaciar del Grand Mean.

 La excursión de hoy parte de l’Ecot, un pueblo/museo que conserva el aspecto de los pueblos alpinos de la zona. La idea es hacer un recorrido circular hasta una laguna donde finaliza el Glaciar del Grand Mean


El camino transcurre por las Gorges du Reculaz. Un cartel ya nos avisa de que se trata de un itinerario con cierta dificultad y riesgo. Una canal equipada... en el fondo no es para tanto¡

Pese a que es un itinerario muy popular no hay muchos randoneaurs. El terreno es antipático, con muchas piedras, y además hace calor. Vamos ganando altura por la margen derecha a medida que el cañón se estrecha más y mas.

En algunos puntos se aprecia el torrente, que lleva muchísima agua como consecuencia del deshielo. Algunos rastros de avalanchas denotan lo salvaje del terreno.

Llegamos a un estrechamiento por el que no puede seguirse el cauce del torrente. Es el punto donde se debe superar, mediante una pequeña trepada equipada con cable, la canal que da la “dificultad” al itinerario.

Seguimos ganando altura, ya lejos del torrente, hasta alcanzar un amplio plato. El paisaje es increíble, con las montañas engalanadas de glaciares y los torrentes de un azul claro espectacular. 

En ese punto se encuentra el “Puente Romano”, que intuyo tiene de romano lo que yo. Lo cruzamos y continuamos ascendiendo la ladera norte del Monte Sedi

A medida que se gana altura, el paisaje mejora y es visible un lago glacial en el fondo. Comparado con lo anterior, el camino es bastante mejor.

Con paciencia conseguimos llegar a una morrena, y poco después de ella, se abre el alucinante paisaje por el que hemos venido hasta aqui. El Glaciar del Grand Mean desciende desde las cumbres de algo más de 3.400 m (Cima Monfret, Pointe Francesetti) hasta el precioso lago glacial, a 2.871 m. 

Hay algo bello en la muerte de los glacial es alpinos. No mueren indignamente, dejando malolientes cadáveres. Ellos sencillamente de desvanecen, dejando allá donde estuvieron unos preciosos lagos. En este caso, en el lago de derretían lentamente los últimos vestigios de hielo antes de que el río helado se convierta en un torrente de aguas turquesas.

El glacial es sorprendentemente grande para la modesta altura de las cimas cercanas, y cuestra trabajo distinguir una diminuta cordada que lo desciende. Hay bastantes cabras (o Ibex, no sé) en las morrena circundantes.

Regresamos sobre nuestros pasos hasta el Puente Romano. A partir de ahí tomamos el caminillo que se dirige al Refuge des Evettes. Allí nos zampamos un sirope y una tarta de arándanos.

Desde el refugio retornamos por el camino “normal”, mucho mejor y transitado que el que hemos tomado a la ida. Una vez en el valle, y lejos de dejarnos llevar por las ganas de descansar, vamos a l’Ecot.

Refugio Averole y Paso de la Mula.

Hoy, teóricamente, haremos una ruta suave. Ante la previsión de que no sea así nos metemos un buen café y un pastel en Bessans. Y luego nos acercamos al parking del Refuge du Averole, junto al pueblo de Averole que se encuentra uno Km más adelante. La ruta, inicialmente, era una circular hasta el refugio. Normalmente se sube por la margen derecha del Torrent d’Averole regresa por la izquierda, pero decidimos invertir el sentido. 

La pista primero, y el sendero después, discurre entre bosquetes de alerces que son interrumpido por las amplias zonas donde descargan las avalanchas. Alguno de sus vestigios es claramente identificable por los árboles medio vencidos y los neveros en lugares improbables. Los seracs colgados de la Pointe de Charbonnel (3.752m) sin duda colaboran en el desencadenamiento de aludes.

Justo tras el refugio destaca la Segnale Baretti (3.604 m), y una de sus cumbres tiene un parecido más que razonable con la pirinaica Pique Longe.

Cuando estamos junto al puente que conduce al refugio, decidimos que la ruta de hoy se nos queda corta y que merece la pena continuar algo más, valle arriba. Un cartel nos hace dudar: indica que el “Paso de la Mula” presenta riesgo de caída de piedras y que es estrecho, no recomendable para niños o personas con vértigo. Pensamos que si tan complicado es, una mula no pasa por allí ni de coña, y nosotros somos mejores que cualquier mula (toma autoestima…¡¡). Así que continuamos, y,  si el paso de la mula es tan complicado como lo pintan, siempre podemos decir que en realidad somos burros y no mulas.

El caminillo, ahora estrecho, trepa audaz mente por la margen izquierda del Torrent de la Lombarde. Pasamos una mini/ermita dedicada a Saint Antoin.

Algo después del Santo se pasa al pie de una preciosa y gran cascada.

El caso es que el famoso paso de la mula no aparece. El punto más alto de la ruta es la Cabane du Berger, la cual se hace de rogar (parece que va a surgir en cada recodo, pero nunca lo hace).

Finalmente, llegamos a esta bonita cabaña donde un francés está durmiendo la siesta (único ser humano con el que coincidiremos hasta el refugio). Y de la mula, nada de nada.

Cruzamos el río por un puente, y regresamos por la orilla opuesta, desde donde disfrutamos de preciosos prados ultra/floridos y de una nueva perspectiva de la cascada.

Llegamos al Regugio, y en él hay un papel con una cita de Gaston Rebuffat (uno de los pioneros del alpinismo) que me encantó.


"Las montañas sólo viven del amor de los hombres. Donde las casas, luego los árboles, luego la hierba, se agotan, nace el reino mineral estéril y salvaje. Pero, en su extrema pobreza, en su total desnudez, emana una riqueza que no tiene precio:  la felicidad que sienten aquellos que la frecuentan"

Al llegar al fondo del valle, comienza la carretera. Hay que seguirla a ratos, otros se va por sendero. Sin duda, hemos hecho bien en subir por la otra margen del torrente.